
El mundialmente conocido grupo editorial “Pepe Iglesias.net”, está compuesto por, ... yo.
¿ Para qué vamos a engañarnos?
Ustedes se preguntarán: “¿Y quién coño es usted?”, pues para quien le interese, a continuación lo contaré, aunque les aseguro que es un rollo aburridísimo, una estupidez que no merece la menor pena leer. Si me aceptan un consejo, vayan a los botones de Artículos, Vinos, Recetas, Asturias gastronómica, etc., allí si hay chicha.

Suena a tópico, pero se puede decir que nací entre cacerolas ya que mi madre fue una de las mejores cocineras que tuvo este país, hasta el punto de que mi padre, consciente de esas virtudes, abandonó su clínica y la cátedra en la Facultad de Medicina de Madrid, para poner un restaurante, el Horno de Santa Teresa, donde dar rienda suelta a aquel torbellino coquinario.
A pesar de no haber estudiado formalmente nada relativo a la Hostelería (lo más cercano fue la Bromatología de Veterinaria), desde niño fuí hostelero, aunque más que por simpatía, fue, porque si quería tener un duro, la paga dependía de echar una mano, ya fuera en la cocina, oficina, almacén o comedor.
El año 1976 un trágico accidente se llevó a mis padres y a mi hermano, con lo que tuve que abandonar mis otras actividades para dedicarme de lleno a los negocios familiares, que eran principalmente de hostelería. Durante una década me dediqué con pasión a los diferentes aspectos de este gremio, hasta políticamente, ya que, como Secretario General de la Agrupación de Restaurantes de Madrid, dí bastante guerra. A finales de los ochenta, con todas las habituales medallas y condecoraciones propias de la profesión en el esportón, pero también con más de medio centenar de trabajadores y todo el estrés de la gran ciudad a cuestas, decidí romper con el mundanal ruido y retirarme pacíficamente a mi anhelada Asturias para ver los platos, bandejas y copas, solo desde el otro lado de la barra.

A principios de los ochenta, cuando España empezaba a tomarse en serio esto de la gastronomía, como parte de mi formación profesional hostelera, me inicié en el análisis sensorial a través de unos magníficos cursos de cata que impartía el Departamebnto de Postgraduados de la Escuela Politécnica de Ingenieros Agronómos de la Universidad Complutense de Madrid, de donde salimos la mayoría de los catadores que hoy circulamos por el panorama vinícola español.
Durante los años que formamos parte de la mesa de cata de la Guía de Vinos Gourmet, a la sazón dirigida por el gran Andrés Proensa, los distintos integrantes de aquel comité generamos un grupo profesional no establecido ni constituido (llegamos a pensar en bautizarnos como Victimas del Canís & Cº Ltd., pero no lo hicimos) pero sí reconocido por nuestro rigor crítico, hasta el punto de haber sufrido no pocos disgustos por los grupos de presión, tanto mediáticos como mercantiles.
Desde aquel momento no he dejado de ejercer este apasionante oficio, ora como hostelero, ora como profesor, ora como crítico, hasta alcanzar a principios del 2004 mi más alto nivel, al entrar en el selecto club Diabetes Mellitus con Diploma de Honor de Triglicéridos y Distinción Roja en Transaminasas.

Al principio fue un divertimento, un artículo aquí, un reportaje allá, pero en 1991 contraje ya varios compromisos serios, como la sección “Gastronomía V Centenario” en la revista Club de Gourmets para todo el año 92, el espacio “El Horno de Pepe Iglesias” en Radio Ribadeo Cadena COPE, las secciones “Catavinos” y “Cartas a un amigo cocinero” en El Correo Gallego y, sobre todo, el suplemento semanal de gastronomía de el diario El progreso, un cuadernillo dominical de cuatro páginas que me obligó a montar toda una estrutura editorial que mantengo hasta la fecha.
A partir de aquel momento ya me replanteé mi vida como profesional de la comunicación gastronómica desarrollando las siguientes actividades:

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