Cocina de Carnaval
Una
de las grandes fiestas de la historia gastronómica española, y
cristiana en general, fue durante siglos el Carnaval, una tradición
pagana de desenfreno y orgías que el Clero consentía a regañadientes
(hubo un Papa, Gelasio I, que intentó cargárselo cambiándolo por la
fiesta de la Candelaria, pero se lo cepillaron antes de lograrlo, vean Antroxu 98
), pero que los gobernantes usaban como válvula de escape para una
sociedad que salía de los rigores y penurias del invierno y tenía que
desahogarse un poco antes de sufrir las abstinencias y purificaciones
pascuales de Cuaresma y Semana Santa.
Las
matanzas había terminado y, contando con que hasta dos meses después,
los fieros vigilantes de nuestras frágiles almas velarían por evitar
que pecásemos comiendo esas golosinas, pues durante esa semana se
descolgaban de los secaderos todo tipo de salazones y embutidos para
despedirse de la buena mesa, porque Carnaval viene de “carne”, del
italiano “carne vali”, o sea, que uno podía ponerse ciego de jalufa sin por ello ir al infierno.
Hoy
ya nada de esto tiene sentido, porque ya no son los curas ni la
Cuaresma quién nos prohíbe comer ese bocata de panceta a la plancha,
sino el endocrino que vigila nuestro colesterol, de ahí que se hayan
perdido casi todas las costumbres culinarias carnavaleras.
En un interesante estudio que publica Julio de la Torre Fernandez-Trujillo sobre las costumbres del
Carnaval de Cádiz, este se pregunta: "
¿cuándo
como ahora, han visto ustedes en todas las ferias y fiestas, mas
kioscos de hamburguesas, perritos calientes, baguettes, gofres, etc., y
menos de papas fritas de perol y piñonates?" para terminar concluyendo: "
Gastronómicamente
hablando, ha dado un giro comercial peligroso para nuestros estómagos.
En Cádiz esos días es difícil comer bien, Cocina propia de las fiestas
no tenemos"
Y eso en Cádiz, donde algunas peñas han inventado
en los últimos veinte años, nuevas costumbres como la pestiñada, la
erizada, la ostionada, la pulpada, la ortigada, la berzada, o la
panizada, que, como apostilla este gaditano, en realidad no son sino
recursos para atraer turistas, pero es que en otros lugares típicamente
carnavales como Tenerife, en esos días apenas si encontramos algo que
no sean Fish & Chips, Tacos, Goffres o Baguettes.
En
Cataluña, sobre todo en Lleida (hay un concurso muy famoso en Pallars
Sobirà), preparan un embutido que llaman Farcit de Carnaval y que
consiste en un estómago de cerdo relleno de carne picada con huevos,
pan y pasas.También es propio de estas fechas la Coca de llardons (una
especie de empanada abierta o pizza, cubierta de chicharrones, piñones
y azúcar, muy parecida a nuestra Torta de roxóns) y las Botifarras
d’ou, una butifarra blanca que lleva huevo, pero por ejemplo en
Euzkadi, apenas si preparan algún dulce que no sea más propio de la
Cuaresma que del Carnaval en sí.
Quizás sean
Asturias y Galicia las únicas regiones que mantienen y promocionan sus
costumbres carnavaleras más ancestrales, sin objetivos turísticos ni
otras motivaciones espurias, por eso se mantienen vivas las tradiciones
de cocina, aunque ni un 10% de lo que podrían ser (vean
El Carnaval y las filloas)
Por
aquí, en febrero, hace un frío que pela, así que, en vez de
disfrazarnos de mulata y hacer el indio brasileiro, celebramos el
Carnaval con un buen cocido (vean
Cocido do Entroido ) que es más reconfortante y menos ridículo que hacer el travesti sin depilarse las canillas.
Las
tortitas ( frixuelos fiyuelas, fayueles, y jayueles en Asturias,
filloas, cereixolos y freixós, en Galicia, y hojuelas en el resto de
España, crêpes en Francia, panqueques en Argentina, pancake en
Inglaterra, palatschinken en Austria, palatcinky en Bohemia, palacsinta
en Hungría, pannekoeken en Holanda y blinis en Rusia), que son el
símbolo pagano por excelencia ya que se trata de
una representación homeomórfica del Dios Sol, tiene mil aplicaciones en
cocina, como ya contamos en
Historias de frixuelos y en
Frixuelos de Asturias, que poco a poco van entrando en los menús de Antroxu de los restaurantes más progresistas de Asturias.
También hay costumbre de preparar terroríficas
parrilladas,
generalmente a base de costillas de cerdo y chorizos, para aprovechar
las fogatas que los carnavaleros hacen para entrar en calor entre
desfile y charanga
A pesar de todo, lo cierto es que el recetario
es bastante exiguo, incluso ralo, por lo que incluiré algunas recetas
con las que complementar nuestro repertorio habitual para incentivar a
algunos buenos aficionados a celebrar el carnaval como Dios manda, o
sea, hartándose.
He aquí unas cuantas recetas con las que poder diseñar un buen menú de Carnaval:
Recetas
Entradas
Androlla, Botillo, Butelo y Chosco.
Caldo gallego, maragato, sopa de pote o berzas con patatas
Crema de erizos
Empanada de boroña con tres carnes
Entremeses y aperitivos de embutidos caseros ( lengua escarlata, cecina, chosco ...)
Filloas de almejas
Zorza con piñones o en
Cachopo
Principal
Cachucha, chorizos y lacón con grelos
Cocido de Antroxu
Parrilladas de carne
Repollo con bacalao
Postres y entrecomidas
Bandullo
Filloas, frixuelos, panqueques, etc.
Orellas de frade
Tarta de filloas
Torta o rosca de roxóns
Tortilla al ron