Cuaresma 2007
Hoy
es el primer viernes de Cuaresma, día de vigilia y abstinencia, de
ayuno y recogimiento, de penitencia y mortificación, de reflexión y
reconocimiento de los cuarenta días que Jesucristo ayunó en el desierto.
Pero
como en estas páginas no tienen nada que ver con la teología, pues
dejemos estos aspectos para los sacerdotes que es a quien compete
divulgar el contenido místico y esotérico de esta cuarentena.
Pero
lo cierto es que todas las culturas tienen su tiempo de abstinencia, un
periodo de depuración corporal, de higiene fisiológica que, como a todo
lo importante, en el mundo antiguo se le confería un carácter sagrado y
religioso.
En el Evangelio según San Mateo vemos una frase que condena sin paliativos esa mortificación: "Y
cuando ayunéis, no os pongáis tristes, como los hipócritas, que
desfiguran sus rostros para que se vea que ayunan.... Tu, por el
contrario, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro..." (San Mateo 6, 16, 17).
Así
que, respetando las vigilias católicas y siguiendo los consejos de San
Mateo, vamos a seguir la Cuaresma con buen talante culinario,
sincretizando la abstinencia cristiana con la gastronomía pagana, sin
necesidad de sufrir los rigores que cantara D. Manuel Puga y Parga,
aquel genial alcalde de la Coruña más conocido en los círculos
gastronómicos por el seudónimo de "Picadillo", que hablando del potaje
de garbanzos, decía: "Plato fatal,
que olemos en todas las casas católicas los días de vigilia y que
presentimos con amargura quince días antes del marcado para la
abstinencia".
Prescindir
de la carne no es ningún sacrificio, sobre todo para un pueblo
ictiófago como es el asturiano que cuenta con los mejores centollos,
lubinas, angulas, langostas, salmones y demás delicias acuáticas.
Claro
que cuarenta días a base pescado y marisco puede ser una auténtica
mortificación, pero no para el cuerpo como pretenden los prelados, sino
para el bolsillo.
Sin
embargo y respetando las bondades de la carne, yo creo que con un poco
de imaginación y buen oficio, el pescado ofrece un recetario tan rico,
que incluso se puede preparar un vasto repertorio de platos de bajo
coste.
Piensen
que de una lubina, una merluza o un rodaballo, pescados de lujo donde
los haya, se pueden obtener diversos subproductos como la cabeza, la
cola y las raspas, que dan tan exquisito sabor que, con un simple
fumet, se pueden preparar en días sucesivos otros platos económicos
tales como patatas a la importancia, fideguá, arroz a banda, etc.
También
están los pescados azules que permiten deliciosas y económicas
calderetas, aunque según cierto escritor lucense, a diferencia de las
melancólicas caldeiradas gallegas, estos guisos asturianos son
libertinos, rebeldes y evocadores de la revolución francesa, o sea,
volterianos y por tanto impropios de estos días de penitencia.
Se
pueden comer pastas porque unos "Tortellini a la marinara" son
realmente deliciosos y bastante económicos, pero ya suenan a
frivolidad, a cena sabatina de mozalbetes en ruidosa pizzería, así que
nada, condenados.
Lo
que si es muy piadoso y propio de estos días son las torrijas con miel,
una golosina que reconforta el cuerpo más que un entrecot de buey.
En
Asturias las llaman incorrectamente picatostes, también borrachinos y
en Ibias se las conoce como Formigos, pero sea cual fuere su nombre, lo
cierto es que este popular postre, tan económico como delicioso, apenas
si se encuentra ya en las cartas de los restaurantes asturianos, y es
una pena, porque yo las recuerdo de niño como uno de esos festivales
gastronómicos del que solo disfrutábamos al cercarse la semana santa.
Así que habiendo potaje de vigilia y torrijas con miel, pues bienvenida la Cuaresma.
Aquí les propongo unas buenas recetas pascuales:
Aperitivos:
Arroces y pasta
Los guisos:
Algún pescado:
Los Postres:

Si les interesa conocer algo más sobre la cocina propia de estos días , piche en el artículo
Asturias en Semana Santa , donde hay más links con sabrosas recetas.
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