En el apartado de Mariscos hago una exposición apocalíptica de la realidad actual de cocinas que, como la gallega, han basado toda su exquisitez en una materia prima que cada día escasea más alarmantemente y que, en la mayoría de los casos, es sustituida por sucedáneos cuyo sabor no tiene absolutamente nada que ver con los animales autóctonos.
Bien, pues con los pescados sucede lo mismo..., y lo que se avecina, porque la esquilmación de los caladeros por parte de las nuevas flotas dotadas de tecnología punta de rastreo de bancos piscícolas, no ha hecho más que empezar, así que más nos vale aprender a elaborar esa sofisticada salsa de albariño con que gratinar una lubina de piscifáctoría, porque, antes de lo que pensamos, pescar una sabrosa roballiza en la boca de la ría de Ribadesella, será un atentado ecológico tan punible como cenarse un urogallo en la fiesta de Nochebuena.
Sin embargo, con buenas artes y algún recurso culinario, si por ejemplo unimos la textura de una dorada de criadero con el sabor unas algas de huerto submarino y los perfumes de un buen vino de Verdejo, el resultado puede llegar a ser realmente brillante, así que no desesperen y empápense bien de estos consejos.